10 de noviembre de 2013

Adelantando la Eskalera #8 sobre DESEO.

Editorial Eskalera #8
En la Eskalera # 7 cruzamos miradas sobre el 2001. En ese número dábamos cuenta de que, luego de la agitación de ese año, nos encontramos una década más tarde con una recomposición del Estado y con una reorientación del deseo de la sociedad hacia un orden que nos conduciría hacia el progreso. Observamos esto en el crecimiento de la aceptación y en el pedido de mayor presencia de dispositivos estatales (por ejemplo en la asignación universal por hijo) o en la  reconstitución de mecanismos de intervención del Estado en la economía; también en la participación creciente a través de canales oficiales de militancia y  el re-encauzamiento de las demandas hacia institucionales estatales. Percibimos -en la misma dirección- la ascendente legitimación social de la represión. Veíamos que no sólo el rumbo de las demandas se reorientaban, sino también las orientaciones del deseo.

Nació allí una primera incomodidad: los instrumentos lógicos y teóricos con los que contábamos nos resultaban insuficientes para explicar cómo operaba esta nueva (o vieja) constitución del deseo. Por eso partimos en búsqueda de nuevas interpretaciones, otras herramientas teóricas que nos permitieran abordar aquello que se nos presentaba inasible: el deseo.

Este año, una vez decidido el camino del deseo como tema eje de la #8, en nuestras primeras reuniones emergía casi instantáneamente otra incomodidad: cada vez que se planteaba un tema específico, uno que nos tocara en la organización de la vida cotidiana y sus sentidos, las discusiones no eran para nada fáciles: abordar estos temas nos habilitaba una serie de pensamientos atravesados no solo por cuestiones políticas, sino también por poderosas fuerzas afectivas.

Además hemos notado que cuando se piensa en política muchas de nosotras  asociamos este problema al orden discusivo, a los enunciados, las afirmaciones, los reclamos, a las prácticas en tanto sean capaces de ser traducidas discursivamente, aquello que ponemos en palabras. Sean estos discursos de derecha o de izquierda, en el sentido común la política está asociada a lo consciente, a lo que la gente puede decir, puede afirmar como su opinión, como su creencia o incluso a aquello que puede recordar, a los relatos de la historia y de la realidad. Frente a esta posiciones de la enunciación pareciera que algunas  prácticas que no son fácilmente reductibles a lo discursivo y lo no simbolizable en general, quedara por fuera de la política, de lo inmediatamente político, aquello que generalmente asociamos con el orden de lo privado, por ejemplo, los sentimientos, los hábitos, nuestras prácticas más inmediatas, no parecieran ser directamente objetos de la política sino solo y en tanto que entran de manera explícita en el orden público.

Por otra parte, existen ciertas formas de hacer política que sin negar la materialidad de la escisión publico-privado, buscan diluir todo límite entre esas instancias en beneficio de lo público, creando  formas de vida que pretendan re-educar toda nuestra realidad, deshacer completamente estos registros inconscientes, tratando de racionalizar hasta el extremo nuestro vínculo con en el mundo, sea este en un sentido de izquierda o de derecha, con el riesgo de devenir en sectas que imitan la forma de una congregación religiosa o un partido político. 

En una división tradicional, que  o bien separa, lo público de lo privado o bien trata de diluir completamente esta escisión tratando de racionalizar todos los aspectos de la vida, como si nada pudiera escaparse a lo consciente, vemos el común problema de asociar la política exclusivamente con ese plano. Luego de muchas lecturas durante la confección de la revista se hicieron recurrentes dos ideas. La primera es la que advierte sobre que lo inconsciente no es reductible por completo a lo consciente y la segunda es que el plano de lo inconsciente, de lo no discursivo es un fuerte condicionante de nuestro comportamiento.  Lo cierto es que una política centrada solo en sus productos conscientes no puede dar cuenta de este fenómeno.  De este modo  corremos el riesgo de sentirnos amos de lo dicho ahí donde no somos más que esclavos de lo no dicho. 

En uno de los textos que leímos Freud comparaba el aparato psíquico con la ciudad de Roma.  En esta ciudad advertía permanecen en adyacencia restos arqueológicos junto a edificaciones ultramodernas. Algo similar ocurriría en el aparato psíquico donde permanecen sentimientos originarios que son fundantes de la subjetividad junto a las racionalizaciones más refinadas. Lo cierto es que cuando intentamos una construcción política sopesamos casi exclusivamente las racionalizaciones en detrimento de los sentimientos más básicos, aun cuando estos sentimientos suelen estar en el corazón de las racionalizaciones políticas e incluso, muchas veces, las rigen. Y si no pensemos en aquello que Freud describe como sentimiento oceánico y que consiste en una sensación de desdibujamiento del yo que remite a las primeras etapas de la psiquis, la unidad originaria entre el recién nacido y la madre, efecto de totalidad con el mundo.  Este sentimiento estaría en la base de experiencias políticas de masas y es predominante más que cualquier racionalización a la hora de explicar fenómenos como el del populismo.

Sin embargo, no resulta sencillo abordar un fenómeno político desde un ángulo que considera como constitutivos a los sentimientos o los deseos. Sobre esto nos preguntamos si ¿es separable lo afectivo y lo discursivo?  Y si lo fuera ¿es posible trabajar sobre lo afectivo?  Sobre las dificultades de abordar en forma directa los sentimientos sirve, a modo de ejemplo, lo siguiente:

“En una clase cualquiera, en una materia llamada Proyectos de Investigación, un docente busca llevar materiales que traten de poner en cuestión temas cercanos a la realidad de los estudiantes, adolescentes de un barrio pobre del conurbado bonaerense. Hay un artículo sobre los conflictos en los boliches y otro sobre el embarazo adolescente en el que se intentan pensar las causas de esos problemas, vinculándolos a la propia experiencia de los allí presentes.
En el proceso de problematización estalla una bomba: muchos adolescentes se sienten hostigados por el simple hecho de que se ponga en cuestión el embarazo adolescente en clase. Los estudiantes se quejan: que los adolescentes tengan hijos no es un problema que se pueda pensar como problema de investigación, mucho más cuestionable les parece que es que el docente quiera poner en cuestión ese tema en una clase. Estos estudiantes no solo no ven ningún problema en tener hijos siendo muy jóvenes sino que quieren tenerlos.
Para este tipo de sensibilidad la realidad surca lo inmediato y tener hijos es parte de una realización personal. Si un hijo te limita tus proyectos de vida eso para ellos no es un problema: es eso lo que ellos quieren, ellos desean engendrar. Ese docente piensa “son proletarios, lo único que tienen es su propia prole. Evidentemente estos chicos perciben de otra forma la realidad.”
En el ejemplo anterior el docente quiso pensar discursivamente lo afectivo encontrándose con un rechazo pleno desde ese plano por parte de los estudiantes.

Insistimos, ¿es posible modificar lo afectivo?  Entonces se nos presenta la imagen del militante que aun teniendo consciencia de que descorcha esa coca cola gobernado por un impulso construido por la publicidad, la bebe con placer. Sabe que esa felicidad es fabricada, que hay una dimensión que no puede controlar con su conciencia. Quizás visibilizar que se trata de un impulso construido sea el primer paso para liberarse de esta dominación. Entendemos que sólo colectivamente (atendiendo a los diferentes tiempos de los participantes) podemos  hacer este trabajo de reconocimiento,  desentramar los guiones de la vida afectiva impregnados en la memoria y en la química de nuestros cuerpos

Un candidato a diputado que se sabe derrotado dispara enunciados con los que intenta atrapar votos, así avisa que trabajará para la baja de la edad de imputabilidad. Las estadísticas sostienen que es ínfima la cantidad de crímenes cometidos por la franja etaria a la que se quiere atribuir delitos. No obstante la idea de un niño asesino nos estremece. El afecto rige lo político.  Del mismo modo es imposible la política sin afectaciones, cómo se explica sino el morir por ideales.

Pero ¿qué posibilidades hay de operar sobre aquello que no se controla pero que nos condiciona? Quizás sea posible mediante la construcción de dispositivos que nos permitan trabajar políticamente sobre el deseo, postergando lo inmediato es decir los deseos que nos atan al mundo tal cual se nos presenta, para  privilegiar aquellos deseos que proyecten otros mundos posibles.

En medio de esta pregunta escribimos algunas notas en las que reflexionamos sobre diferentes dispositivos para trabajar lo afectivo que permitan construir otras subjetividades. Agrupamos nuestra producción en tres bloques.

Por una parte abordamos el dispositivo clásico de organización del deseo, la familia, en diferentes matices desde la mirada más crítica hasta una condescendiente y progresista. Además de algunas preguntas por el matrimonio igualitario, incorporamos en este bloque el análisis de la serie Dexter sobre las vicisitudes de un asesino en serie dada la importancia de lo familiar en la construcción del perfil del personaje. A partir del concepto de monstruosidad en el límite entre lo normal y lo anormal, en Dexter observamos el encauzamiento del deseo para que pueda hacer máquina con la sociedad.

En un segundo bloque indagamos acerca de algunos neo-dispositivos dominantes, nos referimos así a la publicidad, el psicoanálisis y el tarot, tres reductores de angustia de las sociedades actuales.

Considerando que los paliativos del malestar existencial descriptos intentan detener el movimiento de la vida que los desborda, preferimos preguntarnos por soluciones que nos permitan habitar la diversidad. Así escribimos también sobre micro-intervenciones, dispositivos de organización del deseo en experiencias alternativas de búsqueda, ensayo de cambios en la disposición de los cuerpos.

Continuará...

31 de octubre de 2012

¡¡¡Ya están las Eskaleras #7!!!


Podés encontrarnos en la Mesa de Publicaciones Autogestivas de MT (Sociales - frente a Apuntes), en las FLIAs y en otros espacios donde ya estaremos repartiéndola.

4 de octubre de 2012

Editorial #7


Editorial es el título

1. Productores no hay escalones, se hace Eskalera al andar

Estimadas lectoras, -si es que acaso no se diera cuenta- le contamos que este año la Eskalera se ha producido en situación, en un devenir cuyo punto de partida verá que ha sido –tal vez, tan solo- una buena excusa para el tránsito hacia lugares imprevistos.

Como todos los años, las primeras reuniones de este número tuvieron el objeto de consensuar un tema «eje» sobre el cual trabajar los siguientes meses. De esta forma, nos había parecido que el tema seguridad –implosionando el concepto- nos daría una amplitud que podría integrar la diversidad de inquietudes que habían aparecido en el espacio. Ni bien iniciamos las lecturas, éstas nos fueron derivando por un camino situacional, realizado en el mismo andar, y frente a las incertidumbres esta vez nos permitimos naufragar parando en cada puerto que íbamos encontrando.

Así es que el tema seguridad nos llevó a preguntarnos sobre la gobernabilidad. Nos detuvimos allí un rato, nos alimentamos y juntando fuerzas decidimos emprender viaje hacia dos destinos que, finalmente, serían los articuladores del número que tiene hoy usted en mano. El año 2011 tenía su clave en que se cumplían 10 años del 2001 y como la Revista se sabe hija de ese año nos dimos el lugar para pensar sobre lo que el mismo había implicado. Por un lado, buscamos herramientas teóricas que nos dieran un envión, llegando a indagar sobre el concepto de Acontecimiento. Por el otro, realizamos un encuentro abierto donde entre compañeras de diferentes espacios nos preguntamos dónde estábamos, quiénes éramos y qué habíamos hecho el 19 y 20 de diciembre, así como nos interrogábamos dónde estábamos hoy. Todas estas problematizaciones dosmilunezcas se hubieran sentido incompletas sin las reflexiones sobre las derivas actuales, diez años después.

Así fue cómo  se nos hizo evidente el proceso de recomposición del Estado, de sus instituciones, de su legitimidad, de sus sentidos nacionales. Las instituciones estatales se habían transformado y para comprenderlas buscamos herramientas que nos ayudaran a pensar sobre la política. A su vez, nos encontrábamos con que desde los últimos meses de 2010 –bajo el signo de Mariano Ferreyra, los Qom, y el Parque Indoamericano-  la recomposición incorporaba la acentuación de la represión de la protesta social en aquellos conflictos donde el Estado no puede negociar, ya que se cuestionan las bases mismas de la reproducción capitalista –especulación inmobiliaria, control del salario, expansión de la frontera agropecuaria. El año de producción que transitamos reforzó esta dirección, haciéndose especialmente evidente en los conflictos por vivienda y en los conflictos ambientales. El discurso presidencial de apertura de las sesiones del 2012 del Congreso terminó de definir explícitamente el rumbo de esta acentuación. Pensar sobre este proceso nos devolvía al concepto de Seguridad, y el naufragio nos terminaba regresando al puerto de donde habíamos partido.

2. Relato, Identidad Nacional y la Patria Represiva

Desde hace un tiempo, podemos constatar que algo ha cambiado en el relato kirchnerista que comienza a ser menos paciente con los conflictos sociales que atraviesan a la Argentina. La represión a los que tomaron las tierras del parque Indoamericano, los casos de represión a las tomas de tierras en Jujuy, la represión a la asamblea contra la minera de Famatina (y, en general, a los que reclaman en contra del modelo extractivo) o la represión conjunta de la policía metropolitana y la policía federal en la villa 31, nos hacen pensar que, hoy por hoy, parece mostrarse como «aceptable» y hasta «justificadas» ciertas formas de represión que algunos años atrás eran consideradas como «injustificables» teniendo en cuenta el famoso discurso kirchnerista de no reprimir a la protesta social.

Lejos estamos de decir que los K estén comenzando a reprimir la protesta social ahora sin haberlo hecho antes (algo que los datos de la Correpi demuestran) sino que, en cierta forma, parece estarse formando un discurso justificatorio de la represión que ya no necesita armarse de falsos slóganes. Podemos ver esto en la ley anti-terrorista que habilita la posibilidad de tratar como terroristas a cualquier potencial opositor al modelo económico y sus beneficiarios.

Este giro discursivo, que ya no pretende ocultar mediáticamente la necesaria faz represiva que posee cualquier Estado en el capitalismo, lo vemos actualizarse al calor de reclamos y protestas que dan cuenta explícitamente de las consecuencias sociales y ambientales del modelo económico que, paradójicamente, nos había sacado del último de los infiernos según el relato oficial. Este mismo modelo económico, que tantas alabanzas y elogios recibe, nos deja sin tierra y sin vivienda, dado que nuestro país, como el resto de Latinoamérica, se encuentra atravesado por tendencias económicas globales que ponen en el centro de los intereses del capital internacional a la tierra y los recursos naturales.

Nada de esto nos sorprende cuando, bajo la influencia de una crisis económica internacional de la cual Argentina no está aislada, vemos desarrollarse elementos del ideario nacionalista que reflotan los símbolos que aglutinan a muchos argentinos, desde la derecha hasta la izquierda. Los treinta años de la guerra de Malvinas y la reestatización de empresas privadas,  reúnen una madeja de símbolos que los K son expertos en movilizar -sino piensen en lo que generó descolgar un cuadro- y que buscan recomponer el consenso social sobre el modelo económico que las diversas formas de protesta ponen en jaque. Creemos que, a las diversas protestas que muestran que el modelo económico no cierra por ningún lado (o que solo le cierra al capital), el gobierno argentino las busca combatir con un consenso reaccionario para tapar a fuerza de violencia las consecuencias sociales de ese modelo que muchos defienden.

Por último, este giro discursivo justifica los negocios concretos que el Estado argentino fomenta y del que pretende ser el principal beneficiario. Todo el discurso patriótico sobre Malvinas no solo reflota ante el descubrimiento y la inminente extracción de petróleo en las islas por parte de empresas inglesas, sino que habilita todos los movimientos económicos actuales que nacionalizan empresas privadas para que el Estado tenga el control y los réditos económicos de, entre otras cosas, el petróleo. Invisibilizando de esta forma la lucha que se viene dando en torno a la defensa del territorio, el cuestionamiento del modelo económico extractivo que se hizo evidente en las luchas de Famatina, Andalgalá, Esquel, entre otras.

3. De los pisos de la Eskalera

Desde el punto de vista teórico iniciamos el recorrido intentando construir una perspectiva común que sirviera para la evaluación de la situación política a partir del concepto de acontecimiento y su vínculo con la seguridad o inseguridad. Pronto se verificó que no era posible tal comunidad.

El resultado de los debates trajo sin embargo dos consecuencias teóricas importantes. De una parte se asumió la necesidad de politizar el concepto de seguridad y de la otra, se puso en cuestión la misma noción de acontecimiento y su relación a lo político.  La consecuencia práctica de los primeros debates fue la necesidad de ampliar las lecturas. Es difícil hacer justicia a la diversidad de textos considerados. Se incluyen  Robert Castel y otros teóricos del Estado de Bienestar, algunos pos-estructuralistas como Foucault y Ranciere; autonomistas como Lazarato, representantes de la filosofía política moderna (Schmitt) y su crítica (Benjamin). 

En el primer piso de esta Eskalera, titulado Esas raras lecturas nuevas, la lectora encontrará tres textos que hacen referencia a Ranciere. «El karma maldito de Ranciere» da cuenta del por qué este autor se transformó en un punto de referencia para la escritura y el debate. En «La política de lo no cotidiano: Ranciere y Lazzarato» se intenta una definición de política que pueda dar cuenta de los momentos extraordinarios considerando los conceptos de Acontecimiento político y subjetivación de los autores mencionados. Por último, en «La política del Acontecimiento y la crítica de la teología política» se confronta el pensamiento de Ranciere con las ideas de Schmitt y Benjamin. Además se incluyen los artículos «El problema de la seguridad» que aborda el discurso dominante sobre la inseguridad tras la caída del Estado de Bienestar, y «Autonomía(s) de cada quien o de cada quienes» donde se define el concepto de autonomía en virtud de la praxis política en que se manifiesta.

Desde el punto de vista práctico el trabajo se concentró en dar cuenta de las alteraciones institucionales consecuencia de los acontecimientos del 2001 desde el punto de vista de las experiencias y prácticas de la cotidianidad política. En el segundo piso de este número Mutaciones institucionales post 2001 no sólo se exploran las transformaciones que han intentado capturar el Acontecimiento sino además los modos como se constituye la subjetividad y la resistencia que ésta última presenta. Tal es el caso de «Fábricas de ciudadanía en la geografía bonaerense. Apuntes sobre una reforma para nada secundaria», «Karencia», «Arte post 2001» y «Auch! Sobre la Asignación Universal por Hijo».

Por último, en la Terraza se tocan dos temas a los que hemos decidido dar cierta relevancia. Se trata de la genealogía del feminismo y en general de la cuestión de género por una parte y, por la otra, de la relación entre el imperialismo o neocolonialismo y el nacionalismo a propósito de la disputa por las Malvinas.

4. Eskalericas que buscan eskalericas

Porque sabemos que ninguna genia - ni ningún Estado- nos va a venir a salvar (sino que más bien nos va a hundir). Porque somos hijas de ese proceso que empezó en el 2001 y que todavía hoy seguimos caminando y que nos enseñó que la mejor forma de caminar es hacerla juntas, y que solo organizándonos conseguiremos cambiar las cosas y poner el mundo al revés, o abajo y a la izquierda.
Pero por sobre todo porque aquellas que participamos de Eskalera creemos que esta no es solo una revista de teoría sociológica sino una herramienta de intervención en un presente que construimos día a día, de forma colectiva y horizontal. A través de la escritura de una revista, de la formación de una materia alternativa, y de todas las formas que se nos ocurran.

¿Te interesa recorrer estos caminos juntas? Entonces te invitamos a participar en el próximo número cuyo tema aún desconocemos. Nos encontramos los viernes a las 21 hs.  En el 3er piso en la sede de Marcelo T de la Facultad de Cs. Sociales, UBA.

Eskalera Caracol